El Indio no se fue
Hoy me enteré que murió Carlos Alberto Solari. 77 años, Parkinson, su casa de Parque Leloir. Eso dice la noticia. Pero yo no puedo dejar de pensar que el Indio no se fue a ningún lado.

¿Cómo se va alguien que ya vive dentro tuyo?
Hay canciones que no escuchás, que te habitan. «Ji ji ji», «La bestia pop», «El pibe de los astilleros». Esas no mueren con nadie. Esas ya son tuyas, ya son nuestras. El Indio las escribió pero hace rato que dejaron de pertenecerle solo a él.
Empezó todo en La Plata, en el 76, cuando junto a Skay Beilinson armaron algo que en ese momento nadie sabía muy bien qué era. No era solo una banda. Era un lenguaje. Una forma de decir cosas que la gente sentía pero no encontraba cómo nombrar. Y eso no se aprende, no se copia, no se fabrica. O lo tenés o no lo tenés. El Indio lo tenía.
Los Redondos crecieron de sótano en sótano hasta que los estadios se quedaron chicos. Literalmente. Llegó un punto en que no había lugar en Argentina que pudiera contener a su gente. Y cuando la banda se rompió en el 2001, todo el mundo dijo «se acabó». Pero él siguió. Con Los Fundamentalistas, con proyectos nuevos, con un canal de YouTube donde subía canciones como quien escribe cartas sin dirección. Hasta hace poco colaboró con Wos en «Quemarás», como diciendo: acá estoy, todavía.
Lo último que se supo de él en público fue recibiendo un Honoris Causa de la UBA, de manera virtual. No sé si él sabía que era una despedida. Pero tuvo la elegancia de no hacer show con eso.
Y ahora lo lloran miles. Y está bien que lo lloren. Pero yo prefiero pensar que esta tarde, en algún lugar del mundo, alguien que todavía no escuchó a los Redondos va a poner una canción sin saber bien qué es, y le va a cambiar algo adentro. Y ahí va a estar el Indio. Entero. Vivo.
El cuerpo se fue. El Indio no.
